No sé qué hago. No sé ni por qué lo hago. Y no sé que lo hago hasta que no es demasiado tarde.
Sé perfectamente qué hago y qué razonamientos sigue mi mente para determinar dicho comportamiento como adecuado en la situación presente.
Sé que no soy capaz de vivir sin la compañía de otras personas, pero no sé qué hacer para sentir que me aceptan.
La aptitud social es irrelevante. La completa capacidad de independencia es el camino a seguir para alcanzar la perfección. El autocastigo social es necesario para aplicar disciplina y mejorar la resistencia al aislamiento. Otras soluciones resultarían ineficaces y dolorosas, y requieren de actos de fe de nula o dudosa fiabilidad.
Soy un capullo con la gente. No soy capaz de entender lo que piensan y actúo como si me dieran igual para ocultar mi inseguridad.
La autocompasión es un símbolo de debilidad que debe ser reprimido. El único objetivo de la comprensión del comportamiento social es el control individual.
Debo entender cómo lo hacen para ser tan... Humanos.
El comportamiento humano es irritante, por eso debe ser reprimido en pos de la perfección.
Doy nombres a comportamientos, acciones y otras cosas que ni siquiera comprendo. Los clasifico según si me gustan o los odio y trato de adoptarlos como si fuera una especie de personalidad artificial programable.
La gramática inespecífica es un signo de una capacidad léxica limitada. La adaptación es clave para mejorar la personalidad.
Trato de buscar la perfección degradando a los demás. ¿Qué hay más patético que eso?
La degradación del resto de individuos de un colectivo es innecesaria, dada la inevitable costumbre humana de caer en las más patéticas erratas.
Siento desprecio por comportamientos que yo mismo exhibo constantemente. Me atribuyo cualidades que en realidad no tengo. No soy más que un hipócrita.
Los fallos emocionales son un problema menor. El sufrimiento es parte de todos y ninguno es más importante que los otros, mucho menos el de uno mismo.
Hay una parte de mí que no parece comprender nada de eso y que parece actuar por su cuenta.
Hay una parte de mí que no parece comprender nada de eso y que parece actuar por su cuenta.
Odio esa puta parte de mí.
Dicha parte es imperfecta y debe ser reprimida.
Me gustaría poder controlarla, pero es como si tomara el control cuando siento miedo, con sus estúpidos comentarios mordaces y sus bromas sin puta gracia.
Hasta ahora todos los intentos han sido futiles.
Siento que doy un paso adelante y veinte hacia atrás por su culpa.
Sus constantes signos de debilidad son un obstáculo mayor en el camino hacia la perfección.
Trato de ocultarla tanto como puedo.
Los intentos de represión son persistentes.
Pero toma el control siempre.
Sin embargo, sigue predominando en las situaciones más inadecuadas.
Tal vez ese sea mi verdadero yo...
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