jueves, 6 de noviembre de 2014

Derrumbamiento de muros/Algún día

Cierro los ojos. Lo que veo me aterra. Lo que veo, es el fin de todo.
Veo muros titánicos derrumbándose y aplastando todo debajo de ellos, levantando una densa y persistente capa de humo que asciende hasta los cielos rojizos. Veo como la vida de todos acaba ahí, como nadie puede continuar. Pero realmente, el único que no podrá hacerlo seré yo.
Cuando todo termine, cuando todos a mi alrededor hayan sido aplastados bajo los pedazos de todas las enormes estructuras que nos rodean, los abundantes ríos hayan desbocado, los vastos bosques hayan quemado y los cadáveres sean apestosos esqueletos yacientes, entonces todo cuanto ansío se irá con todo eso acompañado de coros celestiales tristes y punzantes que ilustrarán todo, todo cuanto veo, siento y me asfixia.
Todo cuanto he conocido ha muerto. Todo cuanto conoceré ha muerto también. Todo lo que mi mente había creado para un futuro plan será inútil y me amargará. Todo lo que mi mente recuerde, bueno o malo, del mismo modo lo será. Y entonces, si mi mente es inútil, todo yo lo seré. A menos que encuentre un nuevo propósito. Quizás salga al espacio exterior en busca de otra civilización. Quizás viaje en el tiempo y usurpe el sitio de mi yo niño, como un asesino de mi propia silueta, adulterando mi vida y creando diez mil versiones de la misma, atrapado entre mi nacimiento y el nacimiento de la muerte del ser habido y por haber. Quizás, podría revivir mis mejores momentos una y otra vez como si de las mejores páginas de un libro se tratase. O tal vez, podría coger los mejores momentos y juntarlos, como un disco de grandes éxitos. Un disco de grandes éxitos del que no saldría jamás. ¿Es esta la existencia que quiero? ¿Los mejores recuerdos que conservo vividos una y otra vez? ¿Morir de viejo en el cuerpo de un adolescente con la mente de un niño?
Así como todas mis reflexiones terminan con una pregunta sin respuesta que existe para ser la cura ficticia de una enfermedad que no existe, quizás todas podrían terminar con la que acabo de formular: ¿Es esta la existencia que quiero? Si sólo pudiera mejorar todo cuanto existe para que la vida de los justos fuese un verde y cálido páramo idílico sin lamentos y la de los injustos un didáctico castigo por sus fechorías, quizás entonces llegaría a la existencia que quiero. Sin embargo, la justicia es un concepto tan impalpable que dicho mundo jamás existirá, así como nunca existirán personas justas e injustas. ¿Algún día un bebé amanecerá en un mundo así? ¿Algún día...?

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