sábado, 4 de abril de 2015

Y Ahora (Atrapado en el Tiempo)

Al echar la vista unos años atrás, uno puede darse cuenta de cómo de rápido ha pasado el tiempo para algunas cosas, cómo de despacio lo ha hecho para otras y cuánto parece quedarle para algunas que para aquel entonces ya anhelaba.
Y ahora echas la vista al pasado para ver todo lo que tienes, pero la vista se va al futuro automáticamente para que veas lo que aún no tienes, lo que llegará a ti dentro de una semana, de un año o de toda una vida.
Y ahora estás sentado en tu silla, sin hacer nada salvo fantasear con cosas que esperas que sucedan y que tal vez vayan a suceder y tal vez no. Volver a ver a esas personas que a saber si se han olvidado de ti, huir de esas que te hacen la vida más difícil, llegar a cumplir esas metas con las que sólo puedes soñar como por arte de magia y sin mover un dedo y ser quien quisieras ser y no quien eres ahora. Por arte de magia.
Y ahora lloras, porque pareces estar atrapado en el tiempo y no puedes alcanzar a ver el día en el que nada de todo esto que tanto deseas, que tanto necesitas, empiece a suceder para ti. El día en el que tu libertad empieza a reconfigurarse para ser algo nuevo y excitante parece enterrado y ahogado en un océano de dudas, pereza, desesperanza, depresión injustificada y una sólida base de esa sensación de que el tiempo no avanza, de que el reloj que hace que el universo avance y fluya de forma constante se ha quedado atascado en un momento en el que nadie estaba contigo para hacerte compañía. Tu cuerpo empieza a sentirse pesado e inmovilizado a medida que intentas escapar de esta rutina de insipiencia que te ata a un colchón, a una silla o a un sofá.
Y ahora… Ahora ya no sabes qué pensar. ¿Qué pensar? ¿Qué hacer? ¿Cómo matar al tiempo para que siga vivo? ¿Cómo encontrar a alguien o algo que pueda ayudarte? ¿Cómo dejar de ser esta clase de ser inútil y desmoralizado que no vale para nada salvo para quejarse mientras espera a que toda su vida se construya sin mover un dedo? No quiero acabar esta página con una pregunta, sino con una respuesta, pero esa respuesta parece que nada va a dármela. De nuevo, parece que tendré que levantarme como un ser humano y ayudarme a mí mismo una vez más, puesto que nadie más puede hacerlo y nadie va a hacerlo por mí siempre.
Y ahora aquí estoy… ¿Feliz? No, definitivamente no. Y tampoco espero dejar de estarlo, pero al fin y al cabo, ¿qué puedo esperar, si el ser que se he descrito antes es el que tiene que ayudarme?

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