Siento...
Siento al mundo conectado a mí, invadiendo mi intimidad mientras invado la suya.
Oigo lo que el mundo dice mientras le hablo al mundo y el mundo me ignora.
Huelo la oportunidad, un abanico infinito de posibilidades para las que necesito otra posibilidad anterior que nunca parece presentarse.
Saboreo la información de la más primerísima mano, la cual ya ha pasado por tantas manos y pies que su sabor se ha vuelto el del agrio sudor de los hombres gordos y sus famélicas mujeres.
Veo los colores con niveles incorrectos de saturación, escondidos como un niño asustado bajo un mar de cristal líquido tras una barrera de cristal sólido. Los colores que no se esconden son los que nadie ve, o nadie quiere ver. Son los que no quieren que veamos.
Toco... Y el tocar es la peor parte. Y es por eso que ya nunca toco.
Siento...
Siento que todo el mundo me mira sin prestarme atención cuando nada de lo que hago es relevante.
Siento mis pies pisando la mierda de la que todos ellos llenan el suelo. Mis pies se pegan al suelo de tal forma que constantemente debo revisar mis zapatos para comprobar que no hay el cadáver de algún animalillo bajo mi suela, si bien no son los propios desperdicios de cualquiera de ellos.
Siento la presión de la atmósfera encima de mis hombros contra el suelo, siento el aire que me golpea en la cara y en el pecho para luego tragarme como si "La Masa Devoradora" hubiera saltado de la ya olvidada pantalla de plata.
"Muy bien", dice el médico, "pero, ¿qué tiene eso que ver con su condición? Por cierto, me debe usted 200 euros".
"Muy bien", dice el padre, "ahora puedes escribir una canción sobre ello. Por cierto, toma, 200 euros".
"Muy bien", dice el amigo, "pero yo creo que no es para tanto, deberías ignorarlo y centrarte en ser feliz. Por cierto, ¿tienes 200 euros?"
"Muy bien", dice la pareja "pero yo ahora no quiero pensar en estas cosas, quiero ser feliz. Por cierto, necesitamos 200 euros."
Y, ¿dónde están las promesas que en la infancia nos hicieron? ¿Por qué el mundo ha cambiado?
Las promesas no están. Nunca estuvieron. Y el mundo no ha cambiado. El mundo siempre ha sido igual. Siempre.
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