La ciudad, que muchos, muchos años atrás tenía habitantes contados por millones, se encontraba ahora desierta e inoperativa. Cualquiera que hubiera tenido la costumbre de verla tal y como era antaño habría sentido un escalofrío ante aquella inusual imagen post-apocalíptica aparentemente sacada de una película distópica de principios del milenio. Para ella, sin embargo, preparada para desarrollarse en un entorno como aquel, desierto e infuncional dentro de su premisa, no era nada significativo. Tal vez también se debía a que era la primera vez que veía la ciudad, a pesar de sus instrucciones previas.
Anduvo durante unas cuantas horas por las calles que circundaban el laboratorio en el que se hallaba, almacenando cada detalle que podía en su cerebro perfeccionado. Cada camino, cada semáforo, cada nombre de cada calle, cada cartel de cada establecimiento... Todo ello completaba de una forma sensible lo que su conocimiento previo recibido desde su base de datos, la que, por así decirlo, que le fue proporcionada por sus "desarrolladores" antes de "nacer".
Como era de esperar, todos los habitáculos estaban desiertos, de modo que el término "allanamiento de morada" perdía el sentido en ese entorno. Tras considerar que ya había vagado lo suficiente por la ciudad fantasma, se decidió por explorar alguno de los edificios que la rodeaban. El primer lugar en el que entró fue una casa familiar, o al menos lo parecía. Aunque conocía el concepto de "familia", su percepción de ello, al igual que con todo lo demás, se limitaba a la mera definición de diccionario. No le resultó difícil entrar, puesto que la puerta estaba rota y lo poco que quedaba de ella se desprendió con poco esfuerzo. Tras la entrada se encontraba un pequeño vestíbulo poblado por unos pocos pares de zapatos. Uno de los pares era de su talla, pero no reparó en ello. Justo en frente, el camino se dividía en dos: unas escaleras ascendientes a la izquierda y una sala de estar a la derecha. Se inclinó por la última opción y procedió a contemplar: una mesita de café parecía ser el centro de esa configuración de muebles que tan curiosa se le hacía, con butacas alrededor de ésta, estantes y cómodas en los muros y una chimenea en una de las esquinas. Tras realizar un breve análisis de la disposición y el estilo general, su atención se desvió a una de las estanterías cerca de la chimenea, en la que, entre otros objetos, una fotografía se encontraba preservada en un marco de metal cromado, protegida del paso del tiempo y del impacto que había causado en toda la casa hasta donde era posible ver. La imagen mostraba a los miembros de la familia que presumiblemente había vivido ahí. Estaban sentados en la escalera que conducía al piso de arriba y sonreían, todos mirando en dirección a la cámara. Sus cuerpos estaban cubiertos de lo que ella interpretó como ropa, aunque era la primera vez que veía a alguien llevarla. Fue en ese preciso instante que, ante el recuerdo inmóvil de esa escena, experimentó su primera emoción. No estaba muy segura de qué era aquello, y en ese preciso instante le inspiró suficiente inseguridad como para abandonar la casa de inmediato sin siquiera inspeccionar el piso de arriba ni el resto de la casa en sí. Se alejó inquieta unos diez metros de la casa tratando de ignorar todo aquello, pero su instinto de preservación la obligaba a preocuparse de aquella supuesta anomalía. Su respiración se aceleraba progresivamente por la preocupación, cosa que la preocupaba aún más. ¿Un fallo en la cuidadosa programación de su psique? En cierto modo, pero no tan grave como ella pensaba, ni tampoco de la misma naturaleza. Finalmente echó a correr con rumbo fijo al laboratorio, el entorno más familiar que conocía, sin prestar atención a nada de lo que la rodeaba y, al llegar, se sentó en el frío suelo para, con calma, acceder en una suerte de meditación a su extensa base de datos que le acabaría haciendo llegar a la conclusión de que lo que había sentido se podía interpretar como "nostalgia". De nuevo, ya conocía el término y su significado, pero no se le ocurrió que pudiera llegar a causarle aquella... Sensación. También interpretó su siguiente reacción como "ansiedad", lógicamente atribuida a la preocupación. Parecía un aspecto de su psique que debía aprender a regular para evitar otras falsas alarmas y, así como su extraña percepción del dolor físico o del miedo le permitía ignorarlos en caso de que no fueran relevantes, ser capaz de ignorar también aquello. Tras un rato meditando acerca de todo ese aspecto de su mente, se sintió repentinamente exhausta y, sin moverse del mismo suelo, se tumbó con las manos bajo su cabeza en una posición casi fetal y se durmió. Su primer día y ya conocía los alrededores del laboratorio y había experimentado, no una, sinó dos emociones. El experimento, de haber seguido siendo tal cosa, estaría dando buenos resultados.
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