viernes, 11 de agosto de 2017

A palabras necias...

Uno de los mayores problemas que tiene la sociedad hoy en día es que se le hace demasiado caso a los imbéciles. Prueba de ello es que tenemos al cargo de la potencia mundial número uno al que probablemente sea el mayor imbécil que ha llegado nunca a ese cargo. Y eso se debe a dos cosas: la primera es que el individuo común, al sentirse discriminado por algo que generalmente suele ser una opinión ajena, tiende a querer contraatacar en lugar de darse cuenta de que con ello está entrando en el juego de esa persona que muy probablemente, si ha formulado una opinión objetivamente ofensiva, ha sido para captar la atención de necios como ese. Un buen ejemplo de ello serían los hombres que se sienten ofendidos por las críticas al sector masculino generalizado por algunas feministas radicales que hay en internet. Más allá de lo que opines de lo que algunas de ellas digan, si no te sientes representado por ello, no te des por aludido sólo por tu género. Y del mismo modo, en el sexo contrario, se dan a menudo casos como, por ejemplo, que una chica se haga una fotografía en protesta a los cánones de belleza actuales diciendo que se siente preciosa. Personalmente opino que una persona que necesita reafirmar en internet que su culto al cuerpo no depende de los cánones dictados por un sector de la sociedad no tiene un problema con la sociedad: tiene un problema de inseguridad. No digo que no pueda sentirse bonita a pesar de tener un cuerpo fuera de los cánones, nada me parece mejor, pero el hecho de que lo reivindiques a internet apoya la filosofía del culto al cuerpo, aunque no sea la estándar, y eso ya es algo negativo por el mero hecho de que casi siempre habrá alguien con peor cuerpo que tú. En resumen, estás fortaleciendo aquello contra lo que luchas con el mero hecho de responderle en su mismo campo. Y eso es lo que pasa también por ejemplo con la industria del cine. Recientemente se estrenó The Emoji Movie. Todo el mundo estaba convencido de que la película sería un desastre y, efectivamente, lo fue. Y sin embargo ha sido un éxito en taquilla. ¿Por qué? Porque es muy obvio que, obviando el sector que la verá porque ignora que es mala, existe un sector más notorio que la ve sólo por el hecho de “reírse de lo mala que es”, que sería la segunda razón por la que prestamos demasiada atención a los imbéciles ilustres de nuestra sociedad. Una excusa que muchos consideran válida son las que financian proyectos de mierda pura como estos y dan paso a muchos más como podría ser toda la filmografía de Adam Sandler (cuyos espectadores pecan del mismo comportamiento), para quejarnos luego de que la industria del cine está “muerta”. Al final, todo se reduce a ser los niños que votamos de delegado de clase al niño más cretino para hacer la gracia para luego quejarnos de que ese niño no cumple ninguna de sus funciones como delegado. Asimismo, ¿por qué existen personajes en nuestro país como Eduardo Inda u Álvaro Ojeda? Porque les prestamos la atención que tan desesperadamente buscan. En mi vida he visto un vídeo de Álvaro Ojeda y sé todo lo que hay que saber sobre su contenido sin ni siquiera quererlo, y ya me da igual citarle aquí porque el daño ya está hecho. Dentro de cinco años nadie le recordará y habrá otro idiota aún mayor ocupando su lugar. Del mismo modo que el caso que se dio hace varios meses del autobús de Hazte Oír que circuló por las calles de Madrid, creo, con un mensaje que atacaba al colectivo transgénero con el mensaje “Los niños tienen pene, las niñas vulva” o algo así. Muchos vieron ahí, no faltos de razón, una ofensa imperdonable a ese colectivo que no ha hecho daño a nadie y que sólo busca su lugar en la sociedad. Un mensaje que hay que censurar. ¿Qué vi, por ejemplo, yo? Una llamada de atención muy desesperada. Y un montón de gente en internet complaciéndola. Así pues, hace poco iniciaron otra campaña en un hidroavión o vete a saber qué. La cuestión es, ¿habría habido una segunda campaña si nadie hubiera comentado eso y simplemente lo hubiera dejado suceder como se tolera a un niño que se dedica a insultar a gente por internet dando evidencia de su propio patetismo? No nos engañemos, no nos enfrentamos a una ley mordaza. No nos enfrentamos a la llegada al poder del fascismo ni nada que se le compare. Nos enfrentamos a gente a la que le permitimos existir en nuestras vidas con el mero acto de prestarles atención en masa para quejarnos luego de que existan cuando su existencia no es culpa de nadie más que de nosotros mismos. Y lo peor es que esto no se me ha ocurrido a mí. Ignorar a los idiotas que buscan llamar la atención con actos de patetismo intencionado no es una corriente de pensamiento nueva. Maldita sea, el mismo refranero popular nos obsequia con la frase “a palabras necias, oídos sordos”. ¿Qué quiere decir eso? Que todas las personas que leerán esto (pocas, me imagino) ya lo saben. Y, sin embargo, deciden ignorarlo y seguir alimentando el ego de todas estas entidades que son claramente dañinas por el mero motivo de que nosotros se lo permitimos. Incluso la serie animada de los noventa The Critic nos lo decía bien claro: “Si la película es una mierda, simplemente no vayáis a verla”. Y para ese entonces ni siquiera había internet para dar toda la fama que se les da a estas personalidades hoy en día. Pero, como ya he dicho, todos sabemos esto y preferimos ignorarlo, así que visto lo visto, cesaré aquí de expresar mi opinión, puesto que, la lea mucha o poca gente, todos decidirán ignorarla a la corta o a la larga. Saludos.

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