miércoles, 25 de diciembre de 2013

Tiempo

Si pudiera escoger un deseo, el que fuera, no querría dinero, ni objetos, ni la vida eterna. Lo que yo querría es poder detener el tiempo.
El tiempo apesta. Nunca está a tu favor, nunca tienes el tiempo justo. Siempre faltará demasiado para algo, o tendrás poco tiempo para lo otro. El tiempo te hace tragarte a tus responsabilidades, a tus superiores y a tus horas de descanso con embudo y sin embargo te hace esperar para todo lo que realmente deseas, dejándolo tan lejos que ni siquiera alcanzas a verlo. Somos los esclavos de ese tiempo.
El detener el tiempo también es cerrarle el paso al tiempo. Y entonces ese tiempo es tuyo, puedes hacer lo que te plazca con él. Puedes salir y andar hasta el bosque, hasta el pueblo de enfrente, hasta otro país, hasta otro mundo; o puedes, simplemente, vivir la vida siendo el único ser vivo de la tierra, el único al que le afecta el paso del tiempo. Sin obligaciones, sin compañías, sin nadie. Y entonces, no sólo el tiempo sería mío, también el mundo. Sería el dueño de este mundo podrido y entonces sería mi mundo, un lugar donde toda la gente mala es sólo una imagen fija en la corteza del planeta. Un mundo donde el único ser vivo es alguien que ya no tiene ninguna preocupación, pues nada importa. Ni la economía, ni el amor, ni los estudios, ni el trabajo, ni los conflictos, ni la ciencia, ni la religión, ni la historia, nada. Porque todo es una imagen fija en el tiempo. Todo salvo yo. Yo solo en un mundo que ni siquiera veré entero.
Y entonces sólo me faltará una cosa. La gente buena a la que salvar.

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